miércoles, 17 de septiembre de 2014

Kirchnerismo: entre el ser (estado) y la nada




La transición argentina y el fin de ciclo kirchnerista abrieron un debate sobre las perspectivas políticas del “kirchnerismo puro” fuera del gobierno y del estado. Ante la imposibilidad de re-reelección de Cristina Kirchner en el marco constitucional actual, hecho que algunos empiezan a denominar “proscripción”, y sin ningún candidato propio a la vista en condiciones de competir, el interrogante que surge es qué persistirá del kirchnerismo luego del 2015.

En la revista Ideas de Izquierda hemos reflexionado sobre esta cuestión, tomando las consideraciones que en su momento realizara el cineasta Nicolás Prividera -un kirchnerista crítico-, sobre el riesgo que veía de que esta experiencia política termine siendo un avatar o un muerto vivo dentro del peronismo. Sólo un momento de transición para la vuelta al poder del peronismo histórico. Un fracaso de la famosa apuesta a trascender el pejotismo. Su principal “miedo” era la posibilidad de que se eligiera como heredero a Scioli, coronando una cruel “astucia de la razón peronista”.



martes, 16 de septiembre de 2014

La Izquierda Diario en la transición argentina


La Izquierda Diario sale a escena cuando el país discute una nueva transición. El Gobierno había armado una “hoja de ruta” para una línea de salida ante el agotamiento del esquema económico. La devaluación de enero y los diferentes acuerdos con el capital financiero internacional (Club de París, CIADI, Chevron) iban abriendo el horizonte a un nuevo ciclo de endeudamiento. Un kirchnerismo moderado prometía garantizar una transición en orden, basada en el colchón de dólares de una nueva hipoteca nacional y en la entrega a los monopolios de las renovadas “joyas de la abuela” (como Vaca Muerta). El cristinismo llegó a entusiasmarse con la posibilidad de encumbrar a un sucesor de su propio riñón (Kicillof) que asuma el Gobierno, mientras Cristina hacía lo propio con el poder. El fallo del juez Griesa,inscrito en la renuncia del Gobierno a la soberanía judicial en los litigios de deuda, y la crisis con los “buitres” arruinaron el plan. Comenzó una disputa entre las diferentes fracciones del capital en torno a cómo retomar este rumbo y qué parte le corresponderá a cada uno. La imposibilidad de tomar deuda y lograr la llegada de inversiones por el default parcial agravó todas las tendencias declinantes de la economía. La recesión, la inflación, las suspensiones y los despidos pasaron a ocupar la agenda de las preocupaciones nacionales.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Relatos Malditos (sobre “Relatos Salvajes” de Damián Szifrón)




Fernando Rosso/Laura Vilches


Relatos Salvajes pinta un cuadro sociológico y un clima de época de los años kirchneristas en su etapa de decadencia. Es verdad, no se pinta todo el escenario, pero sí, una parte considerable. Es la parte molesta, no explicable, no adaptable al lecho de Procusto en la historia oficial de la década ganada. Es el William Wilson del relato, su lado oscuro: los resultados no queridos, los errores “no forzados” de la batalla cultural. El testimonio pleno de su estrepitoso fracaso. Y los logros del decenio signados apenas en un Kusturica que se escucha y baila en los casamientos de la clase media “pro”. No hay mucho más.
Escenas donde la patria, definitivamente, no es el otro; el otro es el culpable de los padecimientos insufribles de mi propia precariedad y de mi triste existencia. Hechos que se producen cuando se empiezan a percibir los prolegómenos de una nueva crisis y de un final anunciado como poco feliz. Son seis relatos de una parte de la Argentina socialmente precaria y políticamente frustrada.
Para pensar un hecho de cultura que toma la dimensión de Relatos Salvajes, no se puede hacer abstracción de los tiempos políticos en los que se produce, no puede despolitizarse. A pesar de que la política no lo explique de conjunto, porque después de todo, no deja de ser un hecho artístico (con una gran ayuda de la industria cultural).
El relato hartó. Cansó. Agotó a todos y a todas. Estaba faltando alguien que contara su lado salvaje, aquel que no cuenta el optimismo soft y estupidizante de 678 y el que tampoco sabe captar ni relatar Clarín, en su pequeña guerra del bolsillo, con sus “denuncias” torpes, desarticuladas para consumo de su propia secta y clientela lanatista. Se hacía necesario romper a las patadas el escenario, patear el tablero a lo Tarantino. Damián Szifrón lo hizo y el público lo aceptó y compró.
La hiperbolización sobre la que se construyen las historias es un recurso válido para mostrar crudamente los hechos y los territorios sociales que el relato minimiza, disminuye o directamente encubre. Hace poco nos recordaron las sabias palabras de Chesterton: “La exageración es el microscopio de los hechos”. Relatos Salvajes puso la lupa sobre la vida cotidiana de los hijos bastardos del “modelo”, sobre cómo perciben sus identidades y como luchan día a día. Bastardos sin gloria y con odio acumulado. Con hambre de Massa, de Scioli o de Berni. Sed de venganza. O inclusive de Macri, si no fuera porque sus grúas odiosas se llevan el auto, para cumplir con la noble causa de la recaudación.
El precariado y sus fronteras con lo lúmpen y la clase media con progresismo hipócrita o con su descarnado gorilismo son los sujetos de estos Relatos Salvajes. “Malagradecidos” ganadores de la década los segundos, y sobrevivientes sin muchas esperanzas los primeros, tras haber recuperado una ciudadanía débil, sin cambio de DNI ni de ADN social.
Rita Cortese en “Las Ratas” manifiesta el difuso límite entre la vida precaria y la cárcel, y su víctima, ante quien resulta difícil compadecerse con tanta carga de misoginia y aires de gran patrón, es uno de los resultados político-culturales de la vuelta al país “normal”: un postulante al “orden” reclamado cuando la posibilidad de una nueva crisis económica y social se deja ver en el horizonte. Uno de los tantos macris, massas o sciolis a los que les abrió el camino el kirchnerismo, regándolos pacientemente en el jardín de la restauración.
El clima “marteliano” del escenario de batalla entre Sbaraglia y Walter Donado en el norte, y una lucha auténticamente verosímil; confirman que no hay patria con el otro.
Se dijo por ahí que la clase media es el hecho maldito del país peronista. El kirchnerismo apostó a cautivarla eternamente con el consumismo y se creyó su propio “vamos ganando!”. Se engolosinó con el 54% y en menos de dos años se almorzó la cena.
Hizo un pobre derrame a su manera, precario e “inseguro” para esa nueva clase media, precario también para el movimiento obrero y triplemente precario para los precarios. No hay batalla cultural sin sustrato material. Y los únicos “seguros” fueron los que la juntaron con pala. El resto clama por distintas formas de “seguridad”. Y cuando se acercan tiempos de crisis no hay convencimiento ideológico o político de la necesidad del Estado para controlar al mercado. El Estado también me caga la vida, por lo tanto me la agarro con su primer mostrador, me cago en el estado y en los capots de los autos de los ganadores de la década. Y suben en las encuestas Massa, Scioli y Macri: gracias Néstor, fuerza Cristina!. Y de los tres, el kirchnerismo se postula como jefe de campaña del más menemista de todos: Macri (el de las grúas). Qué gane la derecha y nosotros volvemos después de cuatro (o menos) años de sufrimientos o continuar la obra. Doce años no alcanzaron para nuestra guerra prolongada, necesitaríamos veinte o treinta, varias generaciones…
Y después se preguntan de dónde nacen estos monstruos para los que todo ese tiempo es una acumulación de mishiaduras apenas sobre-vivibles y soportables cuando hay viento de cola. Pero que hoy empiezan a sentir los rigores de una nueva crisis cuando creían que podían empezar a despegar. Quedan las construcciones a medio hacer de proyectos frustrados, la vuelta a los fideos con manteca, y una camionada de hijos a la intemperie de la Argentina precaria.
Hay clases que luchan en Relatos Salvajes, pese a que no haya lucha de clases en el sentido estricto. Le faltan sujetos, los fundamentales. O mejor dicho están bajo otras formas y libran la batalla por otros medios, laberínticos. Porque su historia es "disgregada" y discontinua, como lo es siempre en la historia de la sociedad civil. No están en la posición en la que pueden librar una batalla para encauzar el odio hacia los verdaderos responsables que salen ganando de estas guerras de baja intensidad y darle un cauce hacia adelante; sino que tratan de sacarle tajada al patrón cuando ven la oportunidad, desde su individualidad de “jardinero de muchos años” en la casa de los señores en aprietos. Y la energía del cross del “negro resentido” a la mandíbula de Sbaraglia, se desvía sin impactar contra el orden dominante y el estado en su conjunto. 
Pero más que por su falta, la película transcendió por lo que le sobra. Por mostrar brutalmente la selva alienante en la que se convierte gran parte de la vida cotidiana de millones de personas bajo este sistema (incluso bajo estos “años felices”), y sólo por ese hecho se convierte en una película necesaria.


Nicolás Del Caño, arriba en las encuestas



"Ambos dirigentes son seguidos de cerca por el ex gobernador Roberto Iglesias con una consideración positiva del 38,86%, que casi se neutraliza con la regular del 33,86% y una negativa del 14,51% y el actual mandatario Francisco Pérez, quien tiene entre los mendocinos una valoración positiva del 37,7%, una regular que casi lo empata, del 36,28% y una negativa del 23,77%. Un dato llamativo, muy cerca de ambos, aparece el diputado nacional trotskista, Nicolás del Caño con 36,36% (24,52 de regular y 9,59% de negativa). El último fenómeno político tras las legislativas de 2013, también mantiene alta su presencia en el electorado."
Y más abajo:

"Si así fuera, Cobos exhibe “intacta” una intención de voto para gobernador del 35,36%, desplazando a Cornejo al segundo lugar con un 12,59% y muy cerca Del Caño, que se queda con el 12,43%. En esa misma simulación, Bermejo llega al 9,84%, Félix al 6,42%, Abraham al 5,5%, Miranda al 4,09%, Montero al 2,25%, Roby al 2,09% y Senetiner al 2%. Aquí, los indecisos se reducen a menos de la mitad del escenario anterior: el 5,59%."




viernes, 12 de septiembre de 2014

Transición desordenada





El “cisne negro” del fallo del juez Thomas Griesa puso en cuestión la hoja de ruta del gobierno para la vuelta a los mercados internacionales con el objetivo de conseguir los dólares que le hacen falta a la economía argentina, ante el agotamiento del “modelo”. Igualmente la sorpresa estaba inscripta como posible desde el momento en que se aceptó la jurisdicción norteamericana para la tutela legal de los acuerdos por la deuda. La vuelta de la restricción externa; las tendencias inflacionarias solo contenidas por un mal igual o mayor: la recesión; las suspensiones y despidos (aunque no masivos) en la industria y la incertidumbre general sobre el futuro; están en el centro de las preocupaciones. La “epopeya” del “patria o buitres” duró lo que una coyuntura, el intento de seguir haciendo uso de este “enfrentamiento” con la aprobación de la ley que paradójicamente se llama de “pago soberano”; no tiene ya los mismos efectos que antes.

martes, 9 de septiembre de 2014

Marcos Juárez, una pintura de la democracia



La elección en la localidad de Marcos Juárez en la provincia de Córdoba concentró las miradas de todo el arco político nacional. También dejó en evidencia los mecanismos ocultos (y no tanto) de esta democracia


Fernando Rosso
@RossoFer

“Si vos observás que los dos principales partidos -el peronismo y el radicalismo-, sumados no llegaron al 50% en la última elección provincial, te das cuenta de la fragmentación política que existe en Córdoba”, afirma el consultor. “Es un dato que te dice la bronca que tiene la gente con la política tradicional”, reflexiona a modo de conclusión.

Es domingo por la tarde y uno de los primeros soles primaverales acaricia las calles de Córdoba. Marcos Juárez, una localidad que se encuentra al sudeste de la provincia y que apenas cuenta con 23 mil electores habilitados para votar, elige intendente. Solo 17 mil harán efectivo su voto al final de la jornada. 




viernes, 5 de septiembre de 2014

“The Berni Moment” y el bonapartismo imposible




Por Juan Dal Maso y Fernando Rosso

Aquí una primera reflexión sobre la coyuntura y una recapitulación sobre varias cuestiones de la política nacional más allá de esta. Tanto para pensar en lo que viene como para echar luz sobre el pasado reciente.

Revoluciones pasivas eran las de antes

Existieron bastantes especulaciones y análisis sobre si los "gobiernos progresistas" latinoamericanos han representado una suerte de "revolución pasiva". Por nuestra parte, en la acepción de "revolución-restauración en la que sólo el segundo momento es válido" consideramos posible utilizar esa figura para el kirchnerismo, pero para evitar equívocos que le atribuyan "progresividad histórica" y no bastardear la palabra "revolución", preferimos hablar de un proceso de "pasivización" más que de "revolución pasiva".

Y hemos insistido en otras ocasiones sobre el carácter "restaurador" de la experiencia kirchnerista respecto de la crisis del 2001. Tomando las demandas que venían desde abajo, para "realizarlas" (deformándolas y asimilándolas) desde el Estado, el kirchnerismo fue haciendo una tarea paciente y metódica (barnizada con ciertos gestos decisionistas a los que obligaba el 22% inicial) de reconstrucción de la autoridad estatal, cuyo punto máximo de legitimación se expresó en el 54% de los votos obtenido por CFK en 2011. Y este "éxito" del kirchnerismo "restaurador" es lo que hoy está mostrando cada vez más todos sus límites.

Línea Maginot

En primer lugar, porque con su "gran política" de sacar a las masas de las calles, cambió la dinámica de los "movimientos sociales" que surgieron al calor de la crisis, pero no la relación de fuerzas más general que la crisis vino a constituir. Esto se expresa distorsionadamente en el hecho de que las opciones que quieren "suceder" a Cristina "por derecha" asumen un discurso "aire y sol, con fe y deporte", más que "vamos a matar a todos los chorros de chiquitos" (el representante de esa línea acaba de incinerarse hace nomás unas horas: Sergio Berni).

Y la relación de fuerzas políticas, debe considerarse a la luz de la relación de fuerzas sociales (re-composición obrera); que marca una “línea Maginot” contra la que nadie puede intentar una blitzkrieg sin graves consecuencias, y al calor de la cual fue creciendo una izquierda clasista en minorías intensas y expansivas. Frente a la re-composición del movimiento obrero, expresada con todos los límites que puso la conducción de la burocracia sindical en los tres paros generales bajo el gobierno de Cristina Kirchner, ni la propia CFK, ni Massa, ni Scioli, pueden tentar una "solución final" que liquide la maldición peronista de "sobran sindicatos, falta burguesía nacional". 

Optimismo del relato, pesimismo de la realidad

En su momento, los intelectuales kirchneristas nos criticaban porque considerábamos que los gestos "progresistas" se debían a las circunstancias objetivas en las que había surgido como experiencia gubernamental (2001) pero no a una voluntad política. De algún modo, ese debate se está saldando en la actualidad. Habiendo apelado a la combinación relato + crecimiento económico (que a su vez fue devaluación + viento de cola) como forma de crear una identidad política de centroizquierda -dependiente del peronismo pero con cierta autonomía discursiva-, el creciente deterioro de la economía hace que el gobierno tenga que ir armando un sistema precario de contrapesos, en el cual la primera víctima son las aristas más "progres" del relato. Toda su "voluntad política" se reduce a durar hasta el 2015 y perdurar como camarilla dentro del peronismo mucho más en función de los espacios de poder, que de la continuidad de una identidad progresista. El agotamiento del “modelo”, la recesión retro-alimentada por el default técnico -que permitió un uso político coyuntural del “patria o buitres” que se está desgastando-, la inflación, las suspensiones y despidos que ponen en riesgo el empleo; condicionan y son parte del fin de ciclo.

El bonapartismo "imposible"

Paradoja de la historia política argentina, el actual bonapartismo del gobierno es una especie de bonapartismo imposible. No pueden hacerse “chavistas” (del chavismo de los orígenes), es decir, girar a la izquierda, porque no tienen la base social suficiente ni las convicciones "populistas" y plebeyas.

Ni la "partidocracia" está tan destruida en la Argentina actual (ni siquiera lo estuvo del todo en 2001, que fue más que nada la liquidación del partido radical) como estaba en Venezuela antes del ascenso del chavismo. Y el peso del movimiento obrero y los sindicatos en el entramado social argentino es cualitativamente distinto.

La ubicación bonapartista es en este contexto, más una necesidad que una voluntad política (otra vez). No puede ser ni muy de izquierda (contra las empresas), ni muy de derecha contra las protestas sociales, aunque obviamente es mucho más duro contra las protestas obreras y la izquierda que contra las empresas, nacionales y extranjeras. Por eso la famosa “ley de abastecimiento” paga todos los costos del ruido, y ninguno de los beneficios de las nueces. Así como las amenazas a los empresarios que “encanutan autos” o que aumentan precios, no tienen consecuencias prácticas. Y cuando los giros derechistas se pasan de la raya o cuando el derechismo deviene en soberbia torpe, se producen crisis como la de esta coyuntura.

La política del gobierno de ser el administrador de su propio giro a la derecha para operar una re-composición hacia la derecha a su vez del régimen político en su conjunto choca con la imposibilidad de una "normalización" total (seguimos sin tener un "sistema de partidos" más o menos estable comparado con el viejo bipartidismo). La gran tarea pendiente para que el desvío se convierta en restauración completa, es cambiar la relación de fuerzas y el kirchnerismo hasta ahora solo surfeó sobre ella.

Gerndarmes-caranchos

La gendarmería fue la Guardia Nacional del menemismo y el corto interregno aliancista contra los piquetes y movilizaciones de desocupados y estatales de las provincias durante los '90. Odiada a fondo por los trabajadores y el pueblo, tiene en su haber algunas de las represiones más duras de esos años, con muertos como Aníbal Verón (Salta), Ojeda y Escobar (Corrientes).

El kirchnerismo la policializó, por la crisis de las policías tradicionales (descompuestas en negocios varios) y la empoderó como tropa de ocupación en los barrios populares "peligrosos", deferencia que los gendarmes supieron agradecer organizando un motín por aumento de salario en 2012.

Prestigiada en sectores de la población que la consideran una fuerza más "profesional" que la policía federal y las policías provinciales, recibió sus peores derrotas en décadas en estos meses de acciones en la Panamericana. Se mostró como lo que realmente es: una fuerza represiva al mando de milicos inescrupulosos que no tienen problema en tirarse arriba de un auto para llevarse detenido a un manifestante. El patético comunicado del ministerio de seguridad, escrito en el lenguaje telegráfico-policial, no hace más que sumar ridículo a lo que millones de personas pudieron ver con sus propios ojos.

Y lo más destacado de esta crisis coyuntural que tiene en el centro a la persona que el gobierno venía ubicando en el olimpo de imágenes fugaces del kirchnerismo en retirada, como brazo ejecutor del bonapartismo; es que se produce en el marco de un conflicto obrero, por la defensa de los puestos de trabajo. Con el protagonismo de una izquierda obrera y la debilidad de las mediaciones reformistas que el kirchnerismo ayudó a debilitar, cuando decidió apoyarse en lo más rancio de la burocracia sindical.

Un símbolo de las contradicciones y conflictos que marcarán los próximos años y las fuerzas sociales que serán los protagonistas. Distinto y más favorable a las experiencias anteriores de "fines de ciclo" en la "democracia" pos-dictadura.


miércoles, 3 de septiembre de 2014

El republicanismo que no fue



Por Fernando Rosso y Juan Dal Maso 

En una breve nota de Carlos Pagni, publicada el sábado pasado, el columnista de La Nación parece reclamar un "liberalismo que enamore" y en el artículo de opinión publicado el lunes siguiente en el mismo diario por el historiador Luis Alberto Romero, se convoca al pueblo argentino a dejar atrás los "malos gobiernos peronistas" y terminar con el mito de que “los peronistas son los únicos que saben gobernar”. Todo en nombre de una tradición republicana y liberal (con un leve barniz social-liberal en el caso de Romero), al parecer trágicamente imposible. Un "republicanismo que no fue".



El cambalache "decisionista"




Los fines de ciclo comprimen los tiempos. Los bandazos que antes se llevaban adelante con cierta distancia temporal, ahora se realizan todos juntos y a los ponchazos. La expropiación parcial de las acciones de Repsol en 2012 contenía la futura re-privatización, pero entre el espectáculo litúrgicode lo que en realidad fue una intervención forzada y la nueva entrega se dejó pasar un tiempo prudencial para hacer un uso político de la “decisión”.
Los intelectuales de Carta Abierta supieron reivindicar el “decisionismo” que caracterizó al kirchnerismo y llegaron a definirlo en esencia como “un modo de tomar decisiones bajo el acoso de severas circunstancias políticas” (Carta Abierta. “La diferencia”, Agosto 2012)