viernes, 19 de diciembre de 2014

Obama y Francisco: ¿gramscianos de derecha?




Juan Dal Maso y Fernando Rosso

"Gramsciano de derecha" fue la definición acuñada por Iñigo Errejón, el joven académico asesor de Podemos, para  Enric Juliana, el periodista del diario catalán La Vanguardia. Juliana es un admirador de los “eurocomunismos” allí donde existieron (Italia) y un nostálgico de dónde no tuvieron lugar como partidos de masas o fueron más limitados (Estado Español, con la excepción de Cataluña). Esta definición podría caberle a Obama y el Papa, artífices, junto con Raúl Castro, de una política contrarrevolución social con formas de "revolución pasiva". 

En un reflejo "decisionista", el presidente Obama, después de una pérdida significativa de poder (tras una derrota electoral), sorprendió a propios y extraños, en alianza con el Papa, retomando la agenda con una política "bonapartista". 

Mientras pega "por derecha" contra Rusia (y hasta contra Venezuela), pega "por izquierda" contra los gusanos y los sectores más recalcitrantes del partido republicano y por esa vía abre un camino para intentar terminar de consumar una restauración capitalista en Cuba con métodos "consensuados" con la burocracia del PCC.

Para el gobierno cubano, el giro acelerado hacia la "apertura" se imponía por las condiciones autogeneradas por décadas, con el aditamento de las consecuencias que las crisis venezolana y rusa, pueden tener sobre su golpeada economía.

¿Es un triunfo de David contra Goliat? No parece. Si bien el gobierno cubano puede exhibir este acuerdo como una conquista y efectivamente existió una enorme y heroica resistencia del pueblo cubano frente al bloqueo de Estados Unidos, lo cierto es que el bloqueo es (sigue siendo hasta que no se levante de verdad y eso será complejo de aprobar en el republicanizado nuevo Congreso que asume en enero) una especie de "continuación de la guerra fría por otros medios". Y una continuación de la guerra fría por otros medios, si bien política, es a su modo un acto de guerra. Es decir, retrasa la "reconversión" de Cuba mediante una "salida política".

"Progresista" y restaurador, Obama busca darle oxígeno a la declinante hegemonía norteamericana con un gesto de alto impacto político que a su vez refuerza la sobrevida del americanismo. Mientras los diarios burgueses dan cuenta de los "festejos en las calles de La Habana", uno se acuerda de la piba que dejaba lo más contenta la facultad para laburar en Burger King, en la memorable película Good Bye Lenin, escena que sintetiza el rostro del neoliberalismo en los países del Este: trabajo precario e ideología del progreso individual. 

Antonio Gramsci prestó especial atención al fenómeno del americanismo, que hundía sus raíces en el fordismo como técnica que revolucionaba la producción industrial. A diferencia de Europa, en Estados Unidos la hegemonía nacía de la fábrica, dado que la racionalización de la producción conllevaba una racionalización de la población, mediante el control de los hábitos y costumbres de los obreros y su entorno familiar por un lado y por otro no existía un "bloque agrario" conformado entre la Iglesia, las masas populares y los intelectuales, por lo que el sentido común se formaba más directamente a partir de la disciplina industrial.

Y el fenómeno del americanismo es sin duda, una variante más o menos permanente del Siglo XX, más allá de sus distintas formas, industrial o consumista, "democrático" o guerrerista.

En épocas de relativa desindustrialización de Estados Unidos, producto de la relocalización de empresas que buscan en el sudeste asiático u otras semicolonias las mieles de una mano de obra mil veces más barata, el americanismo se liga directamente al consumo. En ese contexto, se podría decir que la hegemonía nace en la fábrica pero se consuma en la vidriera del shopping o en la góndola del supermercado.

Como afirma Abel Gilbert en EEUU, “no todos comparten esa aversión (hacia Cuba y el castrismo) de décadas: aunque de modo menos estridente, empieza a ser cada vez más compartida en EE.UU la idea de que al castrismo, remozado desde que Raúl se hizo con el poder y puso en marcha reformas que nadie habría imaginado con Fidel al mando, no se lo derrota con la CIA sino con la SEARS, la famosa cadena comercial, con la que los espías comparten algo más que una analogía fonética: 'Find something great!'

Entonces, lo que se juega Obama, más allá de la coyuntura, es la consumación de esta "victoria final" del american way of life sobre "el comunismo" (nadie considera a Corea del Norte como un baluarte "de izquierdas"), que lo ubicaría como un estadista de la potencia del Norte y a su vez tendría consecuencias para la política exterior norteamericana que hoy no podemos prever con suficiente claridad. Se va cascoteado por los republicanos, pero gana puntos en la "batalla cultural". 

El Papa, por su parte, en darle el toque final a la "guerra santa" del Vaticano contra el "comunismo" objetivo compartido durante el Siglo XX con el imperialismo norteamericano. Una diplomatización de la contrarrevolución, a tono con la tradición italiana y vaticana.

Ambos, con un gesto "populista" buscan absorber lo que queda de la revolución cubana con el avance de la restauración capitalista y dar un golpe simbólico de importancia estratégica: muerto el perro, se acabó la rabia. 

Pero ¿se acabará la rabia? O mejor dicho ¿cuál es el alcance del golpe simbólico? ¿Es como una "caída del muro" a la latinoamericana? Salvador Benesdra pinta en El traductor el cuadro deprimente en que se hunde su alter ego, Ricardo Zevi, cuando va en un taxi y escucha la noticia de la caída de la URSS. Por buenas y malas razones, la URSS era una referencia (incluso para el trotskismo que luchaba contra la burocracia) de que la expropiación de los capitalistas era posible.

La burocracia cubana, como última esquirla de ese fenómeno aberrante que marcó el Siglo XX (las burocracias de los “socialismos reales” que llegaron a construir un sistema internacional de estados); ha logrado desdibujar ese símbolo latinoamericano y mundial que fue Cuba. 

La isla hoy no tiene la misma significación en el imaginario popular (aunque se mantengan amplias simpatías), en parte por la propia política castrista hacia la restauración, en parte por su ligazón con el "socialismo del siglo XXI" que combina la socialdemocracia y el populismo. Y en parte porque la idea de socialismo tiene entre las masas populares menos fuerza hoy que hace medio siglo. La crisis económica mundial ha desatado múltiples fenómenos de lucha social, pero el nivel de radicalización da como resultado fenómenos políticos que con sus "colores locales" reivindican por distintas vías al eurocomunismo, desde Podemos hasta Jacobin.

Como decía un trabajador para graficar el desprestigio impuesto por la burguesía y la burocracia contra el llamado comunismo: "el único que habla bien de Cuba es Maradona."

Por último, al darse la restauración no como "catarsis" sino como negociación, el camino hacia el capitalismo se va dando mediatizadamente y sin el efecto simbólico condensado de un "acontecimiento" como la caída del Muro de Berlín. En este sentido, el "triunfalismo" yanqui que podría sobrevenir a partir de los avances en la restauración dista años luz del de los años '90. 

Lo que se viene para Cuba está por verse, en principio restauración no necesariamente implica en el contexto actual de descrédito del "neoliberalismo", un avance inmediato de un programa radical neoliberal. La retrogradación social puede venir acompañada de la supervivencia de ciertas conquistas estatales, como restauración negociada. Posiblemente se abra un período donde estén planteadas luchas del pueblo cubano en defensa de sus conquistas, así como por la interpretación del legado de la revolución cubana.


lunes, 15 de diciembre de 2014

Córdoba: sindicatos y régimen político



El paso por Córdoba también nos dejó algunas reflexiones sobre el régimen político, los partidos y la situación general.

El protagonismo político de los dirigentes que provienen de los gremios demuestra el peso del “partido sindical”, en el marco de un régimen muy desprestigiado. Santiago Clavijo, de Luz y Fuerza es legislador provincial (entró por el Frente Cívico de Luis Juez), al igual que José Pihen del SEP (estatales) que hizo su ingreso en las listas delasotistas. Walter Grahovac, proveniente de la UEPC (docentes) es Ministro de Educación y hasta hace poco, Omar Dragún de SMATA, era Ministro de Trabajo (reemplazado por Adrian Brito, de Canillitas). Hasta hace dos años, quien era Secretario General de la UOM, Augusto Varas, fue también legislador provincial por el juecismo.

Todos estos dirigentes sindicales tienen diferencias con los referentes que hay en el Congreso Nacional porque no son figuras secundarias (Pihen y Dragún son secretarios generales, Grahovac lo fue en docentes). Cualquier confundido puede pensar que el delasotismo instauró una especie de gobierno de “frente popular” o que el régimen tiene esas características.

No es así, obviamente. Pero en principio esto es una manifestación distorsionada en la superestructura del régimen del peso del movimiento obrero, es un homenaje a su indiscutible presencia en la vida social y política provincial. Y a la vez habla de la importancia estratégica de la burocracia sindical para el sostenimiento del orden en Córdoba.

Los números de la última elección muestran un gran desprestigio de los partidos tradicionales. Un aparato de caudillos “conservadores populares” (apuntalados por el boom sojero) en los pueblos del interior y la burocracia sindical en la gran ciudad, son los “poderes reales” sobre los que se sostiene la estabilidad.

Córdoba está entre las provincias donde más bajó el consumo de supermercados, más de 7%, además de estar entre 21 de las 24, que se encuentra en recesión. El malestar y la crisis social se expresan en “los bordes” de la sociedad civil, entre el precariado y los ni-ni que conformaron ese fenómeno masivo de “los pibes de la gorra”. 

En el movimiento obrero industrial se manifestó como “estallidos”, como en su momento fue la huelga histórica de Arcor, la reciente lucha de Valeo e incluso la de Weatheford. Una clase media bastante gorila con perfil sojero, completa el cuadro social.

Como en todos lados existe un férreo control policial de las burocracias sindicales, que complementa el control policial de la juventud precaria.

En Córdoba, la burocracia también se apoya en el atraso político-cultural, propio de lo que la provincia todavía conserva de “ciudad de frontera”. Y el uso y abuso de la “causa” contra el centralismo porteño. En las elecciones de delegados de Volkswagen, algunos obreros afirmaban que no se podía responsabilizar a los dirigentes locales, ya que las paritarias se negociaban en Buenos Aires. Una forma de darle al conservadurismo, un fundamento contra la “opresión” centralista. Así como De la Sota usa la causa contra el centralismo recaudatorio (que existe realmente) para encubrir su política, también usufructúan ese aspecto algunos dirigentes sindicales. En los años 60s/70s, según Mónica Gordillo, este elemento fue un factor para la “autonomía” de los sindicatos líderes que permitió cierta independencia del movimiento sindical de Córdoba, con respecto a las cúpulas de Buenos Aires. Pero existe un uso reaccionario que desvía las responsabilidades y las culpas hacia los otros.

Estrategias 

Frente a esta situación, para desarrollar una izquierda clasista en el movimiento obrero, a grandes rasgos hubo hasta ahora dos estrategias. Una que buscó un atajo de acuerdos con caudillos, algunos semi-burocráticos, para atraer “desde arriba” al movimiento obrero hacia el programa de la izquierda.

Otra -para nosotros más correcta-, que siendo parte orgánica de los combates que se presentaron, logró reclutar individuos y sectores de vanguardia con experiencia en luchas dadas en difíciles condiciones (por lo descrito más arriba). A esta estrategia hay que complementarla con una acumulación por todas las vías (social y política, no reducida a lo sindical o a las luchas) con plena conciencia de la función estratégica que cumple la burocracia sindical. Los asalariados estatales (como docentes, trabajadores de la salud, o Luz y Fuerza), donde el totalitarismo sindical no es de la magnitud de la industria, pueden cumplir un rol muy importante en esta acumulación. El impulso a la juventud, con una fracción hacia la juventud trabajadora, agraviada por la opresión y represión, también es una puerta de entrada a un nuevo movimiento obrero reconfigurado.

Para el PTS en particular, la asunción de la banca en la legislatura puede fortalecer esta perspectiva abriendo la posibilidad de complementar el trabajo desde abajo sobre el movimiento obrero, con una lógica que vaya “de lo político a lo sindical”, en el marco de una construcción que apunte al desarrollo estructural, hacia donde siempre direccionó  su estrategia. Determinando cuáles son los eslabones fuertes y débiles, tomando al movimiento obrero de conjunto.

Pero el reconocimiento consciente de la función nodal que cumple la burocracia sindical, hace que la tarea de “recuperar los sindicatos” requiera de una acumulación amplia en el movimiento obrero y en la militancia de izquierda que permitan resignificar los combates dados hasta ahora.



jueves, 11 de diciembre de 2014

Córdoba: dos escenas de la democracia y la memoria



Este miércoles estuve en Córdoba para la asunción de Laura Vilches a la Legislatura provincial (ver acá)
Mientras esperaba la hora de entrada fui a recorrer el D2, un ex centro clandestino de detención, situado detrás del Cabildo, a metros de la Plaza San Martín, al costado de la Catedral y a la vuelta de la Legislatura. Hoy está convertido -como tantos otros lugares- en un museo de la memoria (al igual que La Perla) y es tan terrorífico como todos. O quizá más, porque estaba en el corazón de la cuidad y de la provincia, que es a la vez, "corazón de mi país".
Escribí en Twitter: "Antes de ir a la 'casa de la democracia', recorro el D2 y 'me cuenta' cuáles fueron sus pilares".
Revoloteando alrededor mío andaban dos hermanitas, deberían tener cinco y siete años y no era muy difícil darse cuenta que eran hermanas y que además eran pobres, quizá de la calle. Lógicamente no parecían muy interesadas en la "memoria" y su curiosidad estaba concentrada en descubrir qué era lo interesante que estaba viendo yo en esos negativos colgados en el pasillo donde los detenidos esperaban horas y a veces días, antes de pasar a vivir lo peor, o a morir de la peor manera.
Cuando observaba los calabozos, unos pequeños cubículos de 2x4 que están en el fondo y donde se encerraba a varias personas ("de cuatro para arriba" cuenta un ex - detenido en un documental); una de ellas, la más pequeña y la más intrépida, me dice que su mamá estaba en el baño. Yo le digo que no, que acá no había baño, que debe estar en otro lado. Pero ella insiste y me señala que su mamá estaba ahí. Efectivamente, el baño estaba al lado de los calabozos y cuando los detenidos pedían ir, los llevaban por todo el lugar subiendo escalones, abriendo y cerrando puertas, para terminar trayéndolos casi al mismo lugar de donde habían salido. Tácticas de distracción para que no identifiquen dónde estaban.
Me pareció paradójico y pensé: hacen lo que pueden con su vida y es el uso que le dan a la "memoria" para sus necesidades del presente. Esta "democracia", que ya está grandecita y está cumpliendo 31 años, manda a los pobres a hacer sus necesidades elementales a los mismos lugares adónde mandaba a los detenidos de ayer. Eso sí, ahora, con "memoria".
Después fui a la "casa de la democracia", donde parece que siempre hay fiesta, risas, jolgorios; y donde nadie tiene problemas con los baños. Un lugar dónde fachos que hoy parecen pintorescos, como Aurelio García Elorrio, chichonean con demócratas de toda la vida. Donde periodistas de buena oratoria, como Ricardo Fonseca, hacen denuncias picantes y hasta correctas, si se hace abstracción de que su jefe político, Luis Juez, está aliándose con Macri; donde la runfla delasotista sabe que todo es un trámite folklórico; dónde los impresentables kirchneristas son un poco más sciolistas que la media y donde las nuevas generaciones de jóvenes-viejos radicales hacen lo mismo que hicieron toda la vida: nada, mientras preparan la caravana del fin de semana.
Laura juró por los 30 mil, los normalistas mexicanos, por la clase obrera y los pueblos oprimidos del mundo; y eso estuvo muy bien. Porque parece que hoy la "memoria" es de todos, pero el presente sigue siendo de pocos.

     

martes, 9 de diciembre de 2014

Kirchner, el acierto de Duhalde y Alfonsín



Fernando Rosso
@RossoFer

El politólogo Marcos Novaro publicó recientemente un artículo en el diario La Nación que es interesante para develar el pensamiento profundo de la autodenominada tradición liberal-republicana de la Argentina.




martes, 2 de diciembre de 2014

PODEMOS se confiesa: "no podemos"



En esta entrevista de Ana Pastor a Pablo Iglesias, el líder de PODEMOS intenta desarrollar el programa de gobierno de su partido. Las preguntas de la mediática periodista tienen dos méritos: remarcar los gruesos y acelerados desplazamientos hacia la moderación de las propuestas que eran presentadas hasta ayer nomás (y en este caso es literal) como más radicales; e intentar que Iglesias explique como se aplicarían concretamente. El vertiginoso rey queda al desnudo. Conversar con los bancos para convencerlos de terminar con los deshaucios (desalojos), aplicando el "derecho europeo"; buscar a los más "preparados", los más "formados", para responder cómo debería ser una reforma laboral; una "auditoría ciudadana" sobre la deuda que se convierte en una propuesta de "transparencia" vía internet. A eso se reduce el "radicalismo" de Iglesias y de PODEMOS; cuando todavía están en periodo de "gestación".
Tan vertiginosamente como su ascenso electoral, pasa a sufrir un síndrome muy conocido por estas pampas: "hablarse encima".
Hace poco decíamos que la pretensiones "eurocomunistas" o populistas de PODEMOS no podían pasar de mas o menos mediocres debates teóricos. La "hipótesis populista" o la "hipótesis eurocomunista" requieren del concurso de fuerzas sociales. En esas estrategias políticas había cierta coherencia (igual que en la "hipótesis de Justo"). Partidos o movimientos de masas, implantados en las organizaciones que cumplan una doble función: evitar la emergencia revolucionaria, en la que siempre ven un caos anárquico, e incorporar a las masas más o menos civilizadamente a la ciudadanía política y social. Y con su sola presencia en el régimen político, obligar a las derechas a tomar nota de la cuestión social y a "modernizarse".
PODEMOS parece más el resultado de esas clásicas situaciones en las que "lo viejo no termina morir y lo nuevo no termina de nacer" y en las que surgen fenómenos aberrantes. Aunque en este caso, la "aberración" tenga ribetes bizarros y hasta cómicos, haciendo abstracción del drama social que sufre el pueblo del Estado Español. De ahí que las propuestas del programa económico parezcan una mezcla de resoluciones de una larga asamblea de Puan (en la que no se rechazó ninguna propuesta) con las conclusiones "técnicas" de una conferencia de la UADE.
Un argentino entusiasmado con PODEMOS dijo en twiter: "PODEMOS son esos locos bajitos que crió Serrat"
A lo que respondimos: "Sí y bastante rápido (nueve meses!) se dejaron de joder con la pelota". Y aprendieron que "eso no se hace, es no se dice" y sobre todo, "eso no se toca".

  

domingo, 23 de noviembre de 2014

Horacio González y un museo de la lengua


Fernando Rosso
@RossoFer

El diario La Nación publicó recientemente un reportaje al director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, quien es además uno de los principales referentes del agrupamiento intelectual autodenominado Carta Abierta (La Nación, 22/11).
En muchas ocasiones es una tarea difícil encarar un análisis puntilloso y holístico de los escritos líricos del sociólogo y ensayista, que imprime su inconfundible sello a los documentos que emite cada tanto el núcleo de intelectuales kirchneristas.
Sin embargo, en este caso, los conceptos vertidos por Horacio González tienen el mérito de plasmar blanco sobre negro una lógica inmutable que aplican quienes defienden incondicionalmente al Gobierno, y en los últimos tiempos tienen la ardua tarea de justificar sus recurrentes giros a la derecha.
Una leve y moderada distancia crítica siempre acompaña la operación central: salvar el núcleo duro de la orientación del oficialismo y exculparlo de sus responsabilidades. La inversión de las causas hacia las consecuencias y viceversa, es el modo de encontrar fundamento para la justificación.
Desde la emergencia del kirchnerismo existe un debate en torno a cuáles fueron los motores de sus actos y los determinantes de su orientación política. Cuando en los orígenes se denunciaba la operación pasivisante de apropiarse de determinadas banderas que siempre le habían sido ajenas (derechos humanos, difuso setentismo), con el objetivo restaurar el orden con el discurseo de un poco de progresismo; los intelectuales kirchneristas respondían que su política eran un genuino producto de la decisión (y hasta del “buen decisionismo”) del gobierno y de sus líderes. Hoy, cuando se reconoce que gira a la derecha en sus respuestas políticas hacia los más diversos temas de la vida nacional, sus justificadores seriales dicen que está trágicamente determinado por “la sociedad”.
El periodista pregunta: “¿No será que la sociedad giró un poco a la derecha?” González contesta: “¿Y me lo decís vos, que trabajás en La Nación? ¡Claro que giró a la derecha! ¿Y qué hace un gobierno de extracción popular? Ese gobierno es lector de la sociedad. Lee pulsiones.”
Interpelado por la incómoda figura de Daniel Scioli, González afirma: “No, no me entusiasma, pero tampoco lo considero con desprecio. Es la expresión de una buena parte de la sociedad argentina. Sus vacilaciones, su estilo aparentemente distraído para las grandes definiciones, casi forma parte del carácter nacional (…) Tiene, sí, una especie de don emanado de una cierta cortesía personal.”
Cuando los gestos o las medidas aparentaban ir hacia la “izquierda”, los motores había que  buscarlos en una férrea voluntad política que se colocaba a la vanguardia de la sociedad. Hoy que los giros son a la derecha y en el 2015 se puede dar un gran salto cualitativo en la misma dirección, hay que rastrear las responsabilidades y las causas últimas en los movimientos capilares de una sociedad empecinada en girar pendularmente y no ponerse a la altura del gobierno que la historia tuvo la generosidad de poner a su disposición. Cuando se va presuntamente hacia adelante, los méritos son del gobierno y del estado, cuando se producen supuestos retrocesos, la culpa es de la sociedad.
Las pulsiones, los miedos, el carácter, las vacilaciones y las distracciones de “la sociedad” (¿qué diferencia hay con ese invento mediático al que se define como “la gente”?), parece que expresan el presente argentino. Si no hay explicación posible en la economía política se retrocede a la psicología de masas o al costumbrismo para interpretar el rumbo social y político.
Una sociedad que parece que se ha “piantao”, empieza a ver la luna rodando por Callao y a la que los semáforos le dan tres luces naranjas.

El gobierno que se merecen

Existe un viejo aforismo liberal que refleja una concepción sobre la historia: un pueblo tiene el gobierno que se merece. Sin embargo, la historia nos demuestra que un solo y mismo pueblo (o sociedad) puede tener durante un período relativamente breve, gobiernos muy diferentes. El secreto reside en que la sociedad está compuesta de clases formadas por capas diferentes, parcialmente opuestas unas a otras y que tienen distintas orientaciones. Los gobiernos no son la expresión de la "madurez"  o “inmadurez” de una un "sociedad", sino el fruto de la lucha. En última instancia son un producto de la relación de fuerzas y de lo que estén dispuestos a realizar con ella.
Por esto, Daniel Scioli, tan cortés y caballero, no es el resultado de las locas pulsiones y los miedos de una sociedad a la que le falta un Diego Peretti que la ponga en terapia, sino el hijo directo de la orientación del kirchnerismo. O en todo caso, los miedos, las “pulsiones” y las tendencias que manifiestan franjas de la sociedad son el resultado de esas políticas. Dentro de las luchas que se producen en "la sociedad”, el gobierno se posicionó del lado de las que llevaban indefectiblemente hacia Scioli (devaluación, Chevron, Berni, Insaurralde y un largo etcétera). Es más,  hay algunas malas lenguas que afirmaron que el kirchnerismo se había “sciolizado”.

¿Y Cristina?

Esa es la última pregunta del periodista. “Cristina es una gran buceadora de las lenguas internas que habitan una sociedad” responde semióticamente González. Y explica “en este caso, la lengua interna sería el miedo. El miedo no entendido sólo como un asalto. El miedo ante tus expectativas de vida. Hay un miedo antropológico en la sociedad argentina. Ella lo ha captado.”
En sus expediciones, Cristina podía haber rescatado las lenguas expresadas en los reclamos de la madre de Luciano Arruga, por ejemplo, o de los padres Franco Casco, ambos asesinados por el gatillo fácil y un producto de esas malditas policías tan sciolistas que existen en todas las provincias; de los que reclaman por sus puestos de trabajo (Lear); o de aquellos que piden por un salario, licuado crecientemente por la inflación.
Parece que la experta buceadora se inclina siempre por las mismas regiones del mar de la sociedad o de “la gente”, esa zona donde habita una misma clase de lengua. Porque todas las lenguas son iguales, pero algunas son más iguales que otras. Y la intelectualidad kirchnerista parece resignarse a la lengua del sciolismo y cargar todas las culpas de su capitatulación sobre la sociedad. 


viernes, 14 de noviembre de 2014

Apuntes sobre la coyuntura y el pos-kirchnerismo




La política y especialmente la apertura de la larga coyuntura electoral empiezan a teñir el conjunto de la situación. El fracaso del cacerolazo del #13N estuvo signado por esta realidad. Fue ninguneado por las corporaciones mediáticas y por la oposición tradicional. Quedó reducido a su mínima expresión, al  núcleo duro del gorilismo rabioso, que en otras oportunidades se rodeó del malestar de una clase media más amplia y confundió a más de un izquierdista ansioso de ver manifestaciones populares progresivas en cualquier congregación de personas. Ni los más radicalizados entre los diputados que adhieren al “cacerolismo” se hicieron presentes. Si quieren votos tienen que alejarse de los energúmenos que se oponen al gobierno desde el lado salvaje de la extrema derecha del escenario. Pero además, el grueso de los que alguna vez participaron, están cruzados por dos experiencias. Primero, por el hecho de que los anteriores cacerolazos no lograron imponer ninguno sus reclamos. Y segundo, que empiezan a ilusionarse con lograr por la vía electoral un gobierno más “propio”, dado el hecho de la inevitable partida de Cristina. Incluso hasta el mal menor de la continuidad posible del oficialismo (Scioli) no está para nada mal, según su punto de vista y de clase.

Es que los grandes actores políticos, mediáticos y empresarios ya están apostando a lo que venga después de la transición (buscando que sea lo más ordenada posible). Y sectores de masas también, aunque no sea una “pasión” la discusión sobre la sucesión, se percibe el final del kirchnerismo y hay que pensar en lo que viene después. De ahí que la ausencia de Cristina por la internación no haya tenido mayor relevancia en la vida nacional. Y que el ascenso de la imagen positiva que marcan algunos encuestadores tenga que ver con el encanto que genera el hecho de marcharse (el efecto contrario a lo que generaron los intentos de re-re, una expresión deformada de un sano rechazo a las castas perpetuas)

Entre los trabajadores hay tendencias al reclamo salarial porque la inflación no cede, combinado con luchas de vanguardia, pero también con cierto conservadurismo (a nivel de masas) por la incertidumbre de la crisis, por el empleo y por la acción de la burocracia sindical. También hay una experiencia con sus acciones masivas (los últimos tres paros generales) que mostraron pronunciamientos contundentes y estados de ánimo políticos, pero no modificaron sustancialmente la agenda, por las limitaciones que imponen las conducciones (en el último paro fue más evidente esta contradictoria sensación). Cuando corre riesgo el empleo, más seria, más organizada y más preparada (es decir más consciente) debe ser una acción, justamente todo lo contrario a lo que hacen las conducciones sindicales que subordinan los medios a sus fines políticos y a sus intereses de casta y con eso limitan las fuerzas de las medidas.

Equilibrio precario



Toda esta situación de cierta pasividad a nivel de masas tiene su base en el precario control de la economía que viene logrando por ahora el gobierno, emparchando las crisis estructurales emergentes del agotamiento del “modelo”. Esto se hace con una combinación de dos políticas. Un arbitraje bonapartista táctico, sobre todo para hacerse de los dólares que lo alejen de la imposición de una nueva devaluación, y una apuesta estratégica de “apertura” (o entrega) al capital internacional.

Para lo primero, amplió la oferta de divisas presionando a las cerealeras para que liquiden en el último trimestre en 1.200 millones de dólares, obtuvo dólares por un monto cercano a este valor con la licitación de licencias para el servicio de 4G, y pudo concretar el primer tramo del canje de divisas con el Banco de China por el equivalente a 814 millones de dólares. Llevó adelante controles sobre las operaciones de dólares ilegales y recientemente lanzó al mercado bonos con la modalidad del “dólar linked”, esto es con “seguro de riesgo por posible devaluación”.

Para lo segundo, impulsó la Ley Chevron y abona el camino para negociar tarde o temprano con los buitres y retomar la hoja de ruta del endeudamiento.

En este marco, aunque no se pueden descartar los imponderables que siempre tiene inscrita la Argentina precaria (lo sucedido en el Hospital Posadas es una muestra); la combinación de entrada en la coyuntura electoral y una apuesta a la sucesión, contención emparchada de la economía (sin descartar que se pueda desmadrar), escenario de salida del kirchnerismo en general y de Cristina en particular, caracterizan a la coyuntura. La política burguesa ya no vive del presente, o mejor dicho, las luchas políticas del presente están determinadas por los contornos que se le pretende dar al pos-kirchnerismo.

El mercado de las pulgas


Los porqué del hecho de que después de la década kirchnerista, los candidatos con “electorabilidad” sean tres alumnos de la escuela menemista, lo hemos analizado en otras ocasiones, aquí plantearemos cuales son sus estrategias u opciones hoy.

Massa y Macri están en plena disputa por los radicales que parecen decididos a convertir a su histórica Lista 3 en el Código 15. Es decir, cumplir en el precario régimen político argentino -por lo menos en esta etapa- el papel de soporte de otros partidos que cumple el PMDB brasilero, para luego intentar reconstruir una futura y lejana estrategia nacional hacia el 2019. Los que tienen votos necesitan territorio y los que tienen territorio necesitan candidatos con votos que les permitan retener o recuperar territorio. Ese es el negocio que no se embarca en estériles discusiones sobre “principios” o “programas” que puedan entorpecer en laissez faire del mercado de la política burguesa.

Esta estrategia radical revienta y desfonda al FA-UNEN que vuelve a dejar a la intemperie a la desilachada centroizquierda criolla.

En el oficialismo, más allá de los pataleos del kirchnerismo iluso, los planetas se alinean a favor de Scioli como candidato de la unidad del peronismo. Es que presentar un candidato más cristinista en  la interna de las PASO, en el recuento de porotos divide los votos individuales de cada uno de los candidatos del peronismo oficialista, frente a las muy probables candidaturas únicas de Massa y Macri. Y una mala performance nacional también pone en riesgo gobernaciones o intendencias. Esto cargaría toda la responsabilidad de una posible derrota sobre Cristina. Por el contrario, un acuerdo con Scioli, le permitiría colocar diputados y otros puestos, para intentar sostener su corriente política después del año que viene.

Frente a esto, el kirchnerismo tiene algunos problemas. Uno: el mismo trance de encumbrar a Scioli como continuador (con mayor y peor razón si gana) y seguir llamándose “progresistas”. Dos: los realineamientos que pueden darse en el peronismo bajo otro liderazgo. Si pierde, toda una fracción se preguntará quien es la responsable de la derrota; si gana, quién es la madre de la criatura. Ya se sabe quién tiene todos los números comprados en esa timba del peronismo implacable.

Pero además, esta opción no descarta del todo “la gran Menem”, es decir garantizar su continuidad dentro de puestos legislativos y luego “apoyar” de tal manera a Scioli que casi ni se note.  “Hoy un juramento, mañana una traición”, como tituló Página 12 luego de la reunión en la que Menem le dio su, ejem… “apoyo” a Duhalde. Total, siempre se puede decir, como dijo Alberto kohan por aquellos años: las “derrotas son de los partidos” pero también “de los candidatos” (es decir, esencialmente de los candidatos)

El presente y el futuro

Cualesquiera que sean los desenlaces (y todo mientras una crisis catastrófica no meta la cola), habrá una disputa para la izquierda con cierto “kirchnerismo de la resistencia”, que ya se adelanta en algunas batallas de hoy (en elecciones universitarias, en la juventud en general o en sindicatos estatales); que como “herencia político-cultural” no pasará de un avatar dentro de la gran casa del peronismo; pero que disputará con la izquierda como corriente de centroizquierda con más posiciones en el Estado y en organizaciones sociales que las que tenía frepasismo. 

Sin restarle fuerzas a las luchas obreras que intentan frenar la avanzada de lo que será un necesario ajuste que ya se comenzó a aplicar y que deberá profundizar el próximo gobierno; esta dispersión histórica del peronismo y sus contradicciones, la no recuperación del radicalismo y la crisis de la centroizquierda; dan fundamento a la batalla política que tiene planteada el Frente de Izquierda. Su postulación, desde ahora, como alternativa con un cada vez más reconocido peso propio, fortalece sus posibilidades de emergencia para encarar la lucha por franjas de masas. Lejos del rutinarismo conservador y temeroso debe encarar la deliberación y el debate público sobre la estrategia y la mejor combinación de representantes para dar esta pelea. Si verdaderamente se cree que el presente es lucha y que el futuro... es nuestro. 


viernes, 7 de noviembre de 2014

Martín Rodríguez sobre el Frente de Izquierda

El poeta y analista político Martín Rodríguez (quien acaba de editar "Orden y Progresismo"), dedicó su columna habitual en el programa "Gente de a Pie" (conducido por Mario Wainfeld, Radio Nacional AM 870, de lunes a viernes de 12:30 a 14 hs.) a las perspectivas electorales del Frente de Izquierda y de los Trabajadores para el 2015.
Como lo "valiente" no quita lo cortés, se agradece el generoso comentario inicial. Devolvemos gentilezas recomendando su último libro (y su producción general), porque más allá de las diferentes perspectivas, siempre es una lectura más que interesante. 




martes, 28 de octubre de 2014

Gobiernos “progresistas”: entre el mercado, el Estado y la calle



Los Gobiernos del Cono Sur latinoamericano parecen inclinarse hacia un moderado centro. Tomando en cuenta la historia de la última década, esto significa un evidente giro a la derecha. Con sus particularidades nacionales, los ciclos de Uruguay, Brasil y Argentina (y, hasta cierto punto, antes Bolivia) viven presentes similares. El extraordinario viento de cola de la economía mundial ya no parece favorecer a la región con la misma intensidad que en los últimos diez años, aunque tampoco la situación derive, por ahora, en crisis catastróficas. Allí se encuentra la base para las transiciones relativamente “ordenadas” que se están sucediendo en los países sudamericanos.


Ver también:

Argentina: perdedores y ganadores con “color local”



miércoles, 22 de octubre de 2014

Cristina, Putin y el destino del kirchnerismo




¿Partido hegemónico?, ¿partido dominante?, ¿partido de poder?; la academia ensaya explicaciones más o menos complejas para discutir la preponderancia del peronismo en la política burguesa argentina.

Los recientes estudios se inclinan por la tercera opción (“partido de poder”) y el último grito de la “ciencia” sería comparar al PJ-FPV con “Rusia Unida”, la formación que llevó por tercera vez a la presidencia a Vladímir Putin.

De allí se desprende que la estrategia del kirchnerismo no seguiría el modelo de Bachelet en Chile, es decir, la búsqueda de un período de alternancia con un “gobierno de la derecha” para la vuelta obligada y reclamada de Cristina, luego de un mal o modesto gobierno. El camino a seguir sería el de Putin y Medvédev.